26.9.11

Lüthien

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No me gustaba que la gente me mirara,y menos que se quedara mirando un buen tiempo en mi dirección.
¿Por qué lo hacía? ¿Acaso tenía algo en la cara? ¿Algún pájaro había dejado caer algo sobre mi pelo?
Lo comprobé. Nada; limpia.
Aquello me estaba poniendo nerviosa.
Saqué el mp3 del bolsillo y le di voz. Quería olvidar que me estaba mirando... Y lo único que conseguí fue joderme un poco más los oídos.
Sus ojos se me clavaban en las mejillas, los sentía.
¡Por fin! El semáforo se puso en verde y caminé (casi corrí) con rapidez hacia la otra acera. Quería llegar cuanto antes a casa.
¿Y esta sensación...? Miré hacia atrás, y aunque el viento hacía que mis cabellos se pusieran de por medio, pude ver que me seguía, ¡y me miraba!. ¡¿Por qué?!
Seguí caminando hacia delante, entremezclándome con la gente de la calle, quería que me perdiera de vista.
Sentí algo caliente en el hombro y me giré. ¡Estaba en frente! No me lo pensé y tras golpearte en la cara salí corriendo.
Y corrí. El corazón me latía con fuerza; ¡hasta me costaba respirar! Los auriculares cayeron de mis oídos y volví a escuchar la música de la realidad.
-¡Lüthien!
¿Quien me llamaba?
Miré a mi alrededor y aquel chico aún me había estado siguiendo. Jadeaba. Y apoyaba sus manos en sus rodillas. ¿Lo conocía?
No me acerqué cuando él se incorporó y comenzó a caminar hacia mí. Sonreía aún por el colorado de su mejilla. Quizás le había golpeado demasiado fuerte...
-¡Menos mal que has parado!
No me moví del sitio. ¿Cómo sabía mi nombre?
-En cuanto te he visto, sabía que sólo podías ser tú...-dijo, confundiéndome aún más.- No has cambiado nada...
Estaba a escasos metros de mí, y acercándose. Intenté buscar en mi cabeza aquel rostro pero no encontraba a nadie. Él estaba seguro de no haberse equivocado conmigo, pero yo desde luego, no lograba recordarlo.
-¿Lüthien?-preguntó extrañado.
-No sé quién eres.
Frunció el ceño, pero no por enfado; estaba extrañado. ¿Acaso debía recordarlo?
-Mick.
¿Mick? No. No era Mick. Ese de enfrente no era Mick.
-Eso no es cierto.
-¿Cómo que no?-rió.-¡Soy yo!
Me quedé mirándolo, como él había hecho minutos antes. No encontraba ningún rastro del pequeño Mick en él. ¿Cómo había podido cambiar tanto? Aún recuerdo cómo se metían con él en el colegio por sus muchos kilos de más, y por no hablar de su corto pelo; de bola de billar rasposa.
-¿Qué pasa? ¿No dices nada?
Su mirada era dulce, tierna; como la de Mick. ¿Qué se suponía que debía de decir?
-Han pasado cinco años. ¿Cómo quieres que me acuerde de ti si llegas de esta forma?
-He vuelto, en versión mejorada, ¿no?-bromeó.
Aunque sabía que era cierto.
-Por cierto... ¡Au!-exclamo señalándose su rosada mejilla.
-No voy a disculparme si es lo que quieres.
Me dedicó una media sonrisa y decidió dar el último paso que lo separaba a menos de medio metro de mi. Tuve que alzar la mirada para mirar sus ojos claros y sentirme intimidada cuando él me correspondió. Di un paso atrás y le di la espalda.
-Va, dejo que me invites a un chocolate caliente...