Aún podía recordar la noche en la que me encontró en aquella espesa lluvia y me llevo a su bar. Recordaba su mirada clavada en mi durante toda esa noche. Me ponía los pelos de punta solo recordarlo.
Choqué la espalda contra la pared, pero sin hacerme daño. Era la primera vez que nos besábamos de aquella forma, con tanta ansia, sin dejar aire a nuestros pulmones. Intentó quitarme la camisa torpemente sin separarse de mi, pero no pudo; así que lo hice yo mientras él lo hacía con la suya.
Ya empezaba a marearme; entre que me costaba que me llegara el aire a la cabeza, y entre tantos suspiros, sentía que mi cuerpo se asfixiaba. Tuve que pararle, porque él seguía comiéndome a besos.
-¿Un respiro?-jadeé.
-Ni hablar.
Me tomó de la cintura y nos tiró en la cama. La cabeza me daba vueltas; me sentí como cuando daba vueltas en la silla y cerraba los ojos, cuando volvía a abrirlos estaba totalmente desorientada y mareada. Solo que en este caso me gustaba esa sensación. Sus manos desabrocharon mi pantalón, si seguidamente, el suyo. Se deslizó por mi vientre con pequeños y suaves besos; aquello me estremeció, haciéndome sentir un cosquilleo en todo mi cuerpo.

